Pese a que su nombre venga de una canción de Led Zeppelin, su relación con el rock duro acaba en el mismo momento de darle al play en cualquiera de sus temas. Hablamos de Those Dancing Days, el quinteto sueco de chicas que con su primer disco “In Our Space Hero Suits“, un EP y varios singles revolucionaron más de una casa a base de hormonas descontroladas, ganas de hacer bailar, rockanrol sesentero y twee-pop por la vena. Algo que les valió para que Stuart Murdoch (Belle & Sebastian) se fijase en ellas y las invitara para tocar en el ATP que organizaba además de usar la voz de su cantante en uno los temas de su proyecto paralelo God Help The Girl.
Con “Daydreams & Nightmares” llega el segundo asalto de las veinteañeras y todo lo hablado hasta ahora se diluye hacia una nueva forma de hacer las cosas. Si antes miraban hacia las girl groups y el rompimiento de caderas sesentero, para este nuevo trabajo han saltado un par de décadas, centrándose en el sonido 80′s y dejándose influenciar por bandas como The Cure (sólo hay que escuchar temas como “When we fade away“) o Blondie entre otras… Para ello han contado con Patrick Berger a la producción, conocido por su labor en las últimas entregas de Robyn y que ha dado cuerpo a unas canciones que siguen jugando con el rock y el synthpop. Destacan temas como la rabiosa post-punkera “Fuckarias“, “I know where you live pt.2“, el dueto con Orlando Weeks de Maccabees en “One Day Forever” y su primer single, “I’ll be yours”
Cat’s Eyes es uno de los proyectos musicales más interesantes de lo que va de año, y lo digo así, ya de entrada. En primer lugar porque se trata del nuevo proyecto de Faris Badwan (el lánguido cantante de The Horrors) junto a la soprano Rachel Zeffira. ¿Y qué hacen el líder de una banda de post-punk con una cantante clásica? Según ellos son algo así como “gothic 60s girl-group pop” y la verdad es que no van muy desencaminados. Uno aporta el misterio y la oscuridad y la otra la ternura y sensualidad. Algo que de entrada y hasta que no escuchas su primer disco “Cat’s Eyes” no llegas a comprender.
Se trata de un trabajo serio, nada de un pasatiempo mientras descansan de sus respectivas ocupaciones musicales. Fresco, por el sonido que aporta; Tétrico y luminoso a partes iguales; cinematográfico, por los guiños a ciertos géneros del celuloide, a veces serie B, a veces terror, a veces western, a veces drama… Sea como sea, un disco que aporta buenos momentos e ideas con las que debutar. Además, no se les ocurrió otra cosa que presentar el disco en sociedad en la Basílica de San Pedro en el Vaticano tocando el último corte del álbum “I knew it was over” de estrangis… Y es que a mi todo lo que sea poner nerviosa a la iglesia como que me excita…
Destacan temas como la delicada “The Best person I knew“, el sonido girl group de “Face in the Crowd” o “Over You”, la ya mencionada “I knew i was over” y la primer canción del disco “Cat’s eyes“, con sus aires garageros.
Lo que viene a continuación no es más que una alergia al polen. Una subida de temperatura. Un efecto secundario. Una fiebre en el labio. Un arañazo sin vacuna. Un cubata mal tirado una noche de casi primavera. Así es como da comienzo esta historia.
Las palabras que usted está a punto de leer y las consecuentes imágenes que se proyectarán en su cabeza pueden llegar a ser ofensivas, nocivas, indecentes, lascivas o, lo que es peor, agradables para algunas personas. En todo caso, perjudiciales para sus autores. Se recomienda discreción, compostura, seriedad por el amor de Dios!.
¿A quién no le gusta la primavera? A este par desafortunado de escritores tanto que le han dedicado unas lineas. Un soda. Mezclado, muy agitado.
Rogamos disculpen las molestias…
SE HA DESBOCAO LA PRIMAVERA
Por Iván J. Q. a.k.a. Pako
Calienta el sol. Pía el pajarillo. Nace la flor y la gota de sudor. Sube el termómetro. Se abre la ventanilla del coche. Estallan las alergias y los estornudos sin mocos. Televisan Ben-Hur. Desvirgas la playa sin bañador. Te sale un grano. Bebes más cañas. Sacas la tejana. Gente guay en la calle. Eres una cebolla. Se adelanta la hora. Tarda en atardecer. El cubata dura menos y el full está blando. Se anuncia el Corte Inglés. Te pruebas esos pantalones del año pasado. Huele distinto. Se estrenan las terrazas. Deseas gazpacho. Sientes de cerca el verano. Los pantis femeninos van al cajón para acompañar a las olvidadas y tan anheladas bonitas finas bragas blancas negras lisas o con dibujos decoradas con ribetes rosas o sin ellos de la marca Princesa Calzedonia mercata o de donde sea mientras aguarden y escondan un exquisito lindo apetecible majestuoso depilado o rasurado o triangulado o con bigote o barba -me es indiferente- pero sobre todo bien cuidado con su cremita o su aceitito Johnson’s Baby o Hacendado me la pela… Uff…Uff…Uff… Comienza la mierda. ¿La mierda? Sí, la mierda, mierda.
Te levantas de tu cama sin edredón, pisas la calle y ves una pierna, ves dos, cuatro…treinta. Mierda. Tu bilirrubina sube tan rápido como grande es el escote de la vecina, de esa madre, de esa hija, de esa garrula, de esa panadera, de esa niñata, de esa negra, de esa que cada día cruza por el mismo cebra a la misma hora. ¿Pero estas tenían esas tetas? Sí, ¿no las ves coño? Apartas la vista o lo intentas. Para no sulfurarte. Para no flagelarte. Para no cagarte en Dios y en su puta madre. Por respeto mutuo y propio. Porque eres legal y tienes principios. Porque eres un tipo muy educado como pocos. Porque has probado la droga con autocontrol. Pero nada más lejos de la realidad. Estás perdido, anonadado, loco, atrapado, cerdo y sin escapatoria. Mierda. Tu imaginario túnel no tiene salida, más que la que quieras imaginarte. Cada año lo mismo. Uno tras otro sigues siendo un jodido buitre. Sí. Suerte que siempre te quedan los amigos para contrastar, enaltecer, despotricar e insultar sin compasión con la camisa abierta y el pelo en pecho. Son tu Vicks Vaporub. Porque todos están como tú… Y entonces piensas: se ha desbocao la primavera.
En primavera, en mis primeros días de universidad, me entretenía mirando a las chicas que pasaban frente a mi. Chicas raras, sonrientes, frescas, desesperadas, locas… Chicas de ojos grandes que nunca iba a conocer, o sí.
Aquejado de hipotermia emocional, cosa de la edad, me enamoraba de todas, fueran como fueran. Todas eran fascinantes, a su manera. Todas tenían pájaros en la cabeza, y dedos ágiles, y piernas de tijera que pasaban ante mí cortando el espacio. Sentado allí, metido en la camiseta de una banda que ahora no escucharía, tejanos rotos y all stars, me enamoraba de todas.
Y entonces: Enfadada. Hambrienta. Fea. Pivón. Pija. Borde. Chivata. Brillante. Traidora. Estupenda. Creída. Engañada. Hippie… Las chicas seguían pasando con sus carpetas.
Todas con la cabeza alta y la espalda recta, rompiendo el suelo a cada paso, tan seguras de sí mismas e inalcanzables que empequeñecían a cualquiera, haciendo más grande la leyenda del que conseguía llegar bajo su falda. Una pasarela inacabable de chicas excitantemente desconocidas pasando frente a mi, allí sentado, con el humo del cigarro bailando entre mis dedos, haciéndose el interesante a mi costa. Allí: temperatura ambriente, gafas de sol protegiéndome la intención y Jim Morrisson gritando en mi cabeza el C’mon baby light my fire…
Ese salvajismo y desparpajo era su única vía de escape, la forma de esconder su verdadera identidad, esa que todos guardamos bajo la piel. Intimidad resguardada bajo una fachada felina, depredadora, incombustible, y que a todos nos fascinaba. Un crimen perfecto, un tacón afilado que en muchos casos estaba condenado a romperse. Un quién es quién a lo grande dónde sólo se salvaban las mejores y más auténticas piezas.
“Tarde o temprano me toparé con todas“, pensaba. One by one. Face to face. Y os desarmaré. Y vuestra pequeña insurrección quedará en nada. ¿Qué era sino una locura de juventud? Como estudiantes que sólo se emborrachan al terminar los exámenes, heavys a punto de cortarse el pelo y casarse con grandes gordas, rebeldes a media jornada, hippies de colonia de verano que cuando vuelven a casa se enfundan de nuevo el polo y el mocasín… Como un quehacer hasta que llega la hora de madurar, de volver a la normalidad…
Ese desmadre hormonal de temporada que tanto me había fascinado siempre, aquella mañana de primavera me parecía graciosa. Todas esas chicas extrañas y desconocidas y excitantes y rompibles, a punto de rendirse. Todas esas chicas de piel dura, mostrando sus encantos, escondiendo su identidad, ajenas o conscientes de nuestras miradas y de nosotros… Cerré los ojos un segundo y de pronto los abrí:
Han pasado los años, rozo los 30, y sigo esperando la primavera.
¿Qué hablas?